Relatos

Un cuento lunar

Una ninfa vierte agua sobre el mar.
Una ninfa vierte agua sobre el mar | ©Joseba Aldaz

En algún lugar de la costa

Ha pasado bastante tiempo desde aquel día en que conocí a Irene, la anciana del muelle. En sus ojos se podía ver la profundidad del océano y el surco del camino recorrido. Las arrugas de su piel eran la crónica de días de brisa, temporales, galernas, soles arrebatadores, arena peinada por las olas y cientos de redes tejidas. Contaba cuentos a quien quisiera escucharlos, este es uno. Me confió que todo era cierto y que la prueba de ello es el azul turquesa del mar, semejante al aguamarina de las figuras broncíneas que habitan en las fuentes.

Un cuento lunar

La historia narra que cada doscientas veintitrés lunas una ninfa aparece para verter agua sobre los océanos. Durante el resto del tiempo, esos dieciocho años, se esconde en bosques, en muros, en las rocas de las llanuras, en la llama de las velas y en los reflejos del cristal. Desde ahí escucha el secreto de los corazones que no pueden gritar y, que entre sollozos de desamor, de amor no correspondido, de amor no declarado, de amor a destiempo, de amor caduco, de amor sin más, no paran de llorar en soledad. La ninfa recoge sus lágrimas, las atesora en su cántaro y cuando el contenido quiere desbordar vuelve a asomar la última luna por donde tiene costumbre tornar. Con esa luz la ninfa se acerca a la orilla y vierte las confidencias en el piélago de la tranquilidad. El mar recobra el color y con él, la bravura del oleaje. Me contó que las olas son la forma de cada desamor; pequeñas, grandes, tranquilas, dulces, espumosas, desesperadas, indiferentes y caprichosas que al romper contra las rocas modelan el litoral.

Desaparece en el parpadear.

Desde aquel día no volví a ver el mar igual. ¿Sientes curiosidad por saber cuándo regresa la ninfa? Yo también, no me lo contó y doscientas veintitrés lunas son muchas lunas para averiguarlo. Es como la arena que se escapa entre los dedos o como el tiempo que huye de la vida, no tiene sentido esperar.

En el cántaro se puede leer: Mare Tranquillitatis, Saros CCXXIII.


La fotografía

Mi visión

Esta fotografía pertenece a la serie paisajes imaginados que inicié en Instagram en abril de 2020. Son fotomontajes que no pretenden ir más allá de una forma de ver un lugar desde un punto de vista personal.

Datos técnicos

ZUMAYA (paisaje): Nikon D90 | 56 mm | f /10 | ISO: 200 | 1/400 seg

MADRID (ninfa): Nikon D90 | 90 mm | f /5,3 | ISO: 400 | 1/250 seg

PAMPLONA (luna): Nikon D90 | 110 mm | f /36 | ISO: 200 | 1/60 seg

Sombras en el soportal

Soportales de la plaza del Castillo en Pamplona | ©Joseba Aldaz

El siglo XIX se consume. El Café acaba de inaugurarse y no se habla de otra cosa en Pamplona desde hace dos años. La historia que voy a contar empieza en domingo y con Domingo. Una de esas casualidades que se convierten en anécdota.


Las campanas de la iglesia de san Nicolás han dado las siete de la mañana y la luz del sol se cuela entre las hebras de los visillos, Domingo se despereza y cubre los ojos con la mano a modo de visera. Observa sobre la silla el sombrero nuevo que compró el día anterior. El dependiente le dijo que es el último grito en Madrid y que es un sombrero que da mucha prestancia, presencia, gallardía, garbo, aplomo, atractivo y no sé qué cosas más. – Así sea, me doy por satisfecho si me protege del sol.

La cabeza de Domingo va despoblándose, los cuarenta no perdonan. Mientras se lava en la palangana piensa en el mensaje que va a enviar a Manuela. Se seca, se atusa el bigote y sonríe.


Dan las nueve en el campanario mientras escribe la carta.
– ¡Albertito ven aquí!
Alberto es el hijo de una prima suya que quedó viuda hace cuatro años, ahora viven los tres juntos.
Domingo termina de doblar el papel en forma de triángulo y se lo entrega al chaval.
– Toma, llévaselo a la señorita Manuela y no vengas sin respuesta.


Alberto conoce bien el camino, lo ha hecho muchas veces y todas ellas con la vuelta de vacío.
Manuela regenta una botica, es una mujer guapa, atractiva, inteligente y con una gracia muy especial. La mayor parte de los varones de la muralla hacia adentro la cortejan y alguno de los de fuera también. Domingo la conoció en la procesión de Semana Santa del año del Pacto de la Alternancia buscando un remedio para un dolor de espalda. Ha pasado mucho tiempo y sigue pensando en ella e insistiendo, hoy le duele el corazón. Hasta ahora no ha conseguido una cita. ¿Será hoy el día?

La fotografía

Mi visión

Una de esas imágenes que te encuentras mientras caminas. El repartidor de las bebidas pensó esa esa mañana en ti y compuso la escena, para qué más. Se complementa con un pequeño retoque para crear las sombras de las columnas y dar sentido a la historia.

Fotografía e historia publicada originariamente en mi cuenta de Instagram.

Datos técnicos

PAMPLONA: Nikon D90 | 105 mm | f /5,3 | ISO: 800 | 1/160 seg

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