El siglo XIX se consume. El Café acaba de inaugurarse y no se habla de otra cosa en Pamplona desde hace dos años. La historia que voy a contar empieza en domingo y con Domingo. Una de esas casualidades que se convierten en anécdota.

Sombras en el soportal

Fecha

Soportales de la plaza del Castillo en Pamplona | ©Joseba Aldaz

El siglo XIX se consume. El Café acaba de inaugurarse y no se habla de otra cosa en Pamplona desde hace dos años. La historia que voy a contar empieza en domingo y con Domingo. Una de esas casualidades que se convierten en anécdota.


Las campanas de la iglesia de san Nicolás han dado las siete de la mañana y la luz del sol se cuela entre las hebras de los visillos, Domingo se despereza y cubre los ojos con la mano a modo de visera. Observa sobre la silla el sombrero nuevo que compró el día anterior. El dependiente le dijo que es el último grito en Madrid y que es un sombrero que da mucha prestancia, presencia, gallardía, garbo, aplomo, atractivo y no sé qué cosas más. – Así sea, me doy por satisfecho si me protege del sol.

La cabeza de Domingo va despoblándose, los cuarenta no perdonan. Mientras se lava en la palangana piensa en el mensaje que va a enviar a Manuela. Se seca, se atusa el bigote y sonríe.


Dan las nueve en el campanario mientras escribe la carta.
– ¡Albertito ven aquí!
Alberto es el hijo de una prima suya que quedó viuda hace cuatro años, ahora viven los tres juntos.
Domingo termina de doblar el papel en forma de triángulo y se lo entrega al chaval.
– Toma, llévaselo a la señorita Manuela y no vengas sin respuesta.


Alberto conoce bien el camino, lo ha hecho muchas veces y todas ellas con la vuelta de vacío.
Manuela regenta una botica, es una mujer guapa, atractiva, inteligente y con una gracia muy especial. La mayor parte de los varones de la muralla hacia adentro la cortejan y alguno de los de fuera también. Domingo la conoció en la procesión de Semana Santa del año del Pacto de la Alternancia buscando un remedio para un dolor de espalda. Ha pasado mucho tiempo y sigue pensando en ella e insistiendo, hoy le duele el corazón. Hasta ahora no ha conseguido una cita. ¿Será hoy el día?

La fotografía

Mi visión

Una de esas imágenes que te encuentras mientras caminas. El repartidor de las bebidas pensó esa esa mañana en ti y compuso la escena, para qué más. Se complementa con un pequeño retoque para crear las sombras de las columnas y dar sentido a la historia.

Fotografía e historia publicada originariamente en mi cuenta de Instagram.

Datos técnicos

PAMPLONA: Nikon D90 | 105 mm | f /5,3 | ISO: 800 | 1/160 seg

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